Cuento ganador de Terrotic 500 Agosto
LOS SIETE LECHONES
por Rodolfo Arnau
El gran festejo recibió a las familias más adineradas de la región. Nadie faltó a la celebración, famosa por el exquisito vino rojo que se servía únicamente ese día y por los siete lechones que se sacrificaban para la ocasión, cocidos con exóticas especias traídas de la India. Luego de la cena, Nemesio dio su acostumbrado discurso de agradecimiento.
De entre los asistentes, se fijó en un grupo de adolescentes muy atractivos –no pasarían de los 18 años– todos rubios, parientes de los Winkeljohann, una familia alemana que había invitado. Con su simpática cháchara hizo amistad con ellos: ¡Cuánto lo cautivaban aquellas sonrisas inocentes y cuerpos atléticos! Parecía un lobo hambriento contemplando una manada de corderos. Les ofreció ir a un burdel, convite que los chicos no rechazaron, pues ninguno conocía lo que era estar con una mujer.
Al llegar al burdel, no había nadie: el sitio estaba abandonado. Los jovenzuelos se sintieron defraudados, pero el habilidoso médico siguió hablando con ellos y les ofrecía tragos para mantenerlos relajados. Cuando ya los chicos estaban todos muy ebrios, comenzó a desnudarlos en contra de su voluntad; sin embargo, no tenían fuerzas suficientes para defenderse. Con apetencia los manoseaba, ¡ah! sus ojos brillaban de excitación y lujuria, mientras su abultada entrepierna empezaba a humedecerse, disfrutando con todos sus sentidos la lozanía de aquellas blancas pieles y dorados vellos. Besaba y mordisqueaba sus labios, acariciaba sus pezones, azotaba sus voluptuosas nalgas, chupaba sus miembros flácidos –así lo disfrutaba, detestaba dar sexo oral a penes erectos–, lamía sus estrechos y rosados anos. Luego de oscuras vejaciones que lo llenaban de poderío, terminó violándolos sanguinariamente.
Nadie logró encontrar a los jóvenes; por muchos meses estuvieron secuestrados en el sótano de la mansión Briceño. El desgaste físico de los chicos era excesivo. Esclavos en oficios de limpieza y placer sexual, su semen era usado para los baños especiales del sádico Nemesio, quien así mantenía su piel fresca y brillante: era su mejor secreto de belleza. Transcurrido un año, la noche de luna llena previa a su cumpleaños, se deshizo de ellos asesinándolos en un brutal rito de crucifixión para convertir su sangre en un exquisito vino y sus laceradas carnes en los siete lechones que degustarían todos en su próximo festejo.



